alexa Celebración en memoria de los que ya no están y ritual para recordarlos en La Poblanita de Tacubaya
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El chef Adalberto Díaz

Sin lugar a dudas una de las festividades más importantes para los mexicanos es la celebración del mes de noviembre: Día de Muertos o de Todos los Santos, cuyo principal componente son los altares para dar la bienvenida y a la vez honrar la memoria de los fieles difuntos.

Por lo que no es ninguna novedad ver a lo largo y ancho de todo el país, ofrendas alusivas a un tema, región, dedicadas a una personalidad y/o figura pública, o simplemente a un ser querido, con todo aquello que en vida le gustaba comer al difunto. Manjares, que una vez concluida la festividad son aprovechados por los vivos; una costumbre generalizada en nuestro país, que comúnmente se conoce como la “lavada del hueso”.

Como ya es costumbre –desde hace ya muchos años- la preservación de nuestras tradiciones, La Poblanita de Tacubaya se prepara con su tradicional ofrenda para recibir a todos los Fieles Difuntos, el 1o y 02 de noviembre, en la que no puede faltar el auténtico Mole Poblano del lugar, el típico café de olla, el exquisito chocolate guerrerense, además del tradicional pan de muerto de la casa y la excepcional capirotada; todos favoritos de la clientela del lugar.

Platillos preparados y montados por el chef Adalberto Díaz, nombrado recientemente como “El guardián de las tradiciones”, por su gran empeño y entusiasmo por preservar no sólo nuestra gastronomía (basados en las recetas tradicionales) sino también de nuestras costumbres y tradiciones; especialmente las que nos representan mundialmente, como es el caso del Día de Muertos o Fieles Difuntos, lo que nos identifica y distingue como mexicanos ante los ojos del mundo.

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Productos del restaurante

Siendo uno de los platillos más solicitados por los comensales de este restaurante, no puede faltar en el altar el mole poblano; sin duda la más grande aportación de la cocina poblana a la gastronomía mexicana y mundial.

Este gran platillo, tiene el chocolate en su razón más profunda de ser y su seña de identidad más visible, ya que el chocolate no sólo le da sabor, sino también color y aroma.

“El mole de Puebla lleva dentro de sí el chocolate, no como prima donna, sino partiquino y curiosamente, teniendo tan humilde lugar en la función gastronómica, arranca ovaciones cerradas. Con lo cual, el chocolate descubre que no hay que llegar a un do de pecho para conquistar a una audiencia de conocedores” (Encuentro de dos fogones), como la es la clientela del lugar desde hace ya casi 75 años.

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El chef muestra cazuela de mole

El pan de muerto mexicano, un delicioso tributo para recordar a los que ya no están

Otro elemento protagonista en los altares, es precisamente el pan de muerto, término que se designa a distintos panes de dulce de diferentes masas y formas que se elaboran para conmemorar el Día de Muertos o de Todos los Santos. Se trata de un estilo de pan de carácter ceremonial que se coloca en los altares dispuestos para honrar la memoria de los seres queridos.

El culto prehispánico a los muertos va a encontrar en el trigo, un elemento favorecedor de las complejas liturgias precolombinas, dando origen al pan de muerto, hecho a base de harina de este grano tan esencial para su elaboración.

El pan de muerto representaba los sacrificios humanos que se realizaban en la época Prehispánica, se dice que incluso agregaban al altar chocolate de agua, porque la tradición era que los invitados tomaran el chocolate preparado con el agua que usaba el ánima para lavarse, así todos impregnaban de la esencia del difunto.

De ahí la justificación de la presencia del chocolate en las ofrendas como bebida y macizo en forma de calaverita e incluso como pan de muerto sabor chocolate.

Su forma circular hace referencia al ciclo de la vida y de la muerte por el que cada ser humano pasa. Al centro del pan la “bolita” simboliza el cráneo del difunto, las tiras en cruz representan los huesos con los que estamos formados y también hacen referencia a las lágrimas de los difuntos. En algunas regiones se le agrega esencia de azahar, para simbolizar el recuerdo de los difuntos.

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Explicó detalles de algunos ingredientes

Hoy en día el pan de muerto mexicano, es un sinónimo de recordar a los que ya no están de una manera tan exquisita; quien come este panecillo no pretende la inmortalidad, ni la salvación, ni las curaciones, tal y como en otros países se acude al pan en busca de cierta milagrería.

Actualmente en México existe una gran variedad de maneras de preparar este manjar. Por ejemplo, en la Ciudad de México se acostumbra verlos cubiertos de azúcar con sabor a mantequilla, rellenos de nata o chocolate; mientras que Oaxaca encontrarás un pan de yema decorado con alfeñique y en Puebla se le agrega ajonjolí.

Es una tradición única en el mundo y también es uno de los productos favoritos en la panadería mexicana. Se utiliza para la decoración de las ofrendas del día de Muertos en cada familia y para su consumo.

El restaurante de Tacubaya se convertirá en el Mictlán con sus altares, reuniendo a los fieles difuntos y a los vivos, para gozar y deleitar de su gastronomía que ofrece por las festividades del Día de Muertos.

“Porque el espíritu perdura para siempre, el amor nos mantiene vivos sin importar dónde no encontremos. Conjuntando el ayer y el hoy, a tu recuerdo que está presente”.