Cuento Corto
La noche en que se la llevaron

En 1913, en plena Revolución mexicana, nació Victoria, hija de Pedro Aceves y Guadalupe Ayala, en un pequeño pueblo del Estado de México. Eran tiempos difíciles y violentos; tiempos, sobre todo, de silencio para las mujeres, mientras los hombres decidían el rumbo de sus vidas.
Pedro era un hacendado rico, y gracias a ello Victoria pudo asistir a una escuela de monjas, donde aprendió a leer y escribir. Muy joven se convirtió en maestra de primaria en esa misma escuela. También aprendió a coser, y esa habilidad le permitió vestir a la moda europea: importaba telas y revistas, y con sus propias manos confeccionaba su ropa. Siempre iba bien vestida. Era guapa, de carácter fuerte, protectora, resuelta y responsable. A los quince años, conoció a Francisco Hernández, el hombre más rico, guapo y mujeriego del pueblo. Se hicieron novios, y Victoria se sintió halagada de haber conquistado a un hombre como él.

Dos años después, en 1930, una noche llegaron los caballerangos de Francisco a la casa de Victoria para avisarle que él había sufrido un accidente. Ella acudió de inmediato, pero Francisco, montado a caballo y fingiendo estar herido, la sujetó por la cintura, la alzó con violencia y se la llevó al galope hasta su hacienda.
Victoria fue violentada. Sus padres los obligaron a casarse. La casa se volvió una cárcel, Victoria nunca lo amó y, cuando supo que estaba embarazada, tomó la decisión de dejarlo. Sabía lo que significaba ser una mujer sola en ese pueblo; aun así, entendió que marcharse era lo correcto.
Nació su hija, a quien llamaron Rocío. La situación para la familia Aceves Ayala empeoró cuando Pedro perdió gran parte de su patrimonio por malas decisiones. Con la hija y la nieta en casa, todo se volvió un infierno, y el pueblo no dejó de señalarlas.
Entonces, por insistencia de Guadalupe, la madre de Victoria, tomaron la decisión de abandonar el pueblo, vendieron lo poco que les quedaba y partieron hacia la capital para iniciar una nueva vida…¡Victoria estaba decidida!

Es así como termina este cuento corto, basado en hechos reales, que recoge el relato de Rocío, hija de Victoria y nieta de Guadalupe, quien, a sus 93 años, conserva la memoria de lo vivido por su madre.



