VAMOS HACIA el tramo final del segundo año de gobierno de Claudia Sheinbaum y en materia económica hay muchos problemas no resueltos, otros que se han profundizado, algunos más que fueron heredados -sin cambios-, y los crecientes, que vienen formados desde los frentes internos y externos.

Es preocupante que la economía se haya estancado con un nivel de crecimiento promedio menor a los que hemos visto en otros sexenios; es lacerante la cantidad de mexicanos que tienen su lugar en la fila de los desempleados y la informalidad; es abrumadora la cifra de deuda pública que no se detiene y es enervante el gasto público del gobierno que reparte dinero en programas sociales que más temprano que tarde van a cobrar la factura.
A lo anterior hay que sumar la pésima relación que tenemos con varios países y en especial con Estados Unidos, que todos los días quiere endilgarnos más aranceles y litigios comerciales sin dejar de presionar en las negociaciones bilaterales, donde el T-MEC podría no tener viabilidad.
Sufrimos una gran debilidad en la economía interna con poco margen de maniobra en las finanzas pública y una elevada incertidumbre que no sirve a la confianza empresarial ni a la inversión nacional y extranjera.
En dos semanas se entregará al Congreso el presupuesto para el 2027, sin ningún detalle de cambio, porque el gobierno de Sheinbaum no tiene intención de reducir los programas sociales, sino ampliarlos, en un escenario de gasto que no puede ser soportado con el nivel de ingresos que tenemos, porque la economía está prácticamente paralizada.
Los programas prioritarios para 2026 representan 2.6 billones de pesos, monto equivalente al 30 por ciento del total de los ingresos públicos, pero en 2027 podrían alcanzar los 3 billones.

Prácticamente todos los indicadores económicos muestran debilidad y apenas vamos en el segundo año de gobierno.
Está claro que no habrá un PIB de 2.3 por ciento, quizá rondaríamos el 1 por ciento este año, y la inversión física del sector público, al cierre del primer semestre del año, cayó 7.9 por ciento en términos reales anuales, lejos del incremento de 10 por ciento estimado para todo 2026.
Si hablamos de deudas, en los primeros seis meses de este año, el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público acumuló 19 billones de pesos y se cubrió un costo financiero de 693 mil millones de pesos. Pero al cierre de 2026, los débitos sumarán más de 20 billones de pesos y el costo financiero será de 1.5 billones, una cifra muy costosa para una nación con tanta riqueza como la nuestra.
En el mismo lapso el gasto público registró un aumento de 2.1 por ciento.
En suma, Sheinbaum cumplirá dos años de su gobierno entre tiempos difíciles y con obras heredadas del sexenio de López Obrador que sólo han sangrado a la población y sus arcas nacionales.

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POR SI fuera poco, ayer el INEGI publicó la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) correspondiente a junio de 2026, en la cual se reveló que su personal ocupado creció 0.13 por ciento mensual. Sin embargo, en términos anualizados disminuyó -1.55 por ciento y sumaron 40 meses de retrocesos en ese indicador.
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