sábado, diciembre 2, 2023
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Animeecheri k’uinchekua, la fiesta de las ánimas de los purépechas en Michoacán

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Se acercan las celebraciones de Día de Muertos y en casi todo el país, siempre hay algo característico para rendir homenaje a aquellos que ya no están con nosotros. Michoacán es lugar colmado de tradiciones, paisajes esplendorosos y múltiples manifestaciones culturales, una de ellas, la más emblemáticas, está por iniciar: la “Noche de Muertos” costumbre muy arraigada en el estado y que particularmente en las comunidades indígenas purépechas, resultan de gran relevancia por ser de las expresiones rituales con profundo significado.

Cada comunidad celebra de distinta forma.

La celebración inicia días antes del 1° y 2 de noviembre, los panteones y casas se visten de colores con flores de cempasúchil, velas, fruta, pan e incienso. Las familias hacen altares en sus hogares y en las tumbas de sus seres queridos, se purifican espacios, se llevan ofrendas y se percibe profundo sentido comunitario y orden ceremonial, preparan y comparten comida y bebida que cada comunidad reconoce como ‘comida de fiesta’: tamales, pozole, atole, chocolate, pan, y todo aquello que le gustaba al difunto.

Para las comunidades purépechas esta fecha es conocida como: animeecheri kúinchekua, fiesta de las ánimas, y se refiere a ceremonia en la que cada elemento y actividad cumplen una función importante, por lo cual se deben seguir al pie de la letra las normas que han sido impuestas.

Cabe señalar que nunca será igual vivir la fiesta de las ánimas de una comunidad a otra, puede variar en diversos aspectos de acuerdo a cada región, ya que será a través de su experiencia que determinen las maneras particulares en las que ha de realizar su celebración, así pueden existir tantas variantes como comunidades purépechas existen.

Contrario a lo que muchas personas piensan, los purépechas no celebran a la muerte, sino la vida continuada o “la otra vida”, y con ello la oportunidad de que cada año coincidan, se encuentren y convivan. Por ello, las familias se reúnen a comer con los seres queridos que llegan del ‘más allá’ y ofrecen lo mejor que tienen: comida, flores, adornos y sobre todo compañía.

Las ofrendas y altares son muy significativos.

Todo lo anterior viene de la creencia purépecha de que cuando alguien muere, su cuerpo se sepulta, pero su alma sigue viviendo y va a reunirse con sus seres queridos que fallecieron antes, con los dioses y desde esa otra vida puede `regresar` a ésta, para convivir otra vez con su pueblo y con los suyos.

De acuerdo con las creencias de estas comunidades, las ánimas en el uarhicho (el cielo purépecha) siguen desempeñando el oficio que por tradición reconocen como suyo; trabajan, caminan, comen, duermen, se cansan, se enojan y también hacen fiesta, por ello requieren ayuda para cubrir algunas de sus necesidades como: herramientas de trabajo, juguetes para los más pequeños, comida, velas para alumbrarse, ropa, entre otras y, todo eso se les puede hacer llegar el día de las ánimas cuando vienen de visita y se llevan todo cuanto se les coloca en la ofrenda.

La naturaleza también colabora y con su propio lenguaje: hacia finales de octubre, pequeñas mariposas empiezan a revolotear por comunidades, mismas que los purépechas consideran que son las ánimas que ya están llegando. Un punto a resaltar es que las festividades por los espíritus que vuelven coinciden con la llegada de las Mariposas Monarca a tierras michoacanas, por lo que la leyenda cobra más fuerza.

Dentro de estás creencias, también hay un punto para las ánimas a quienes nadie espera y por lo tanto no se les colocó ofrenda alguna. Según los relatos, ellas llegan tristes y se regresan llorando, recogiendo las sobras y migajas de quienes sí fueron festejados.

Son tradiciones imperdibles que han perdurado en el tiempo.

El Ritual. Existen tantas variantes de hacer la fiesta como comunidades en el territorio purépecha, si bien las más difundidas son las comunidades que se asientan el las riveras del lago de Pátzcuaro y las islas al interior del propio lago, en las comunidades de la sierra, la cañada y ciénega de Zacapu, también cada una tiene su propia forma de hacer la fiesta como lo mencionamos anteriormente.

Los visitantes empiezan a llegar la noche del día 31 de octubre con el regreso de los ángeles, es decir, las ánimas de los niños, aunque también se considera ángeles, quienes fallecieron sin haber contraído matrimonio.

Según dicta la tradición, cuando alguien fallece en el seno de una comunidad purépecha y luego de los ritos propios para despedir el cuerpo y el alma de la persona, casi inmediatamente inicia el tiempo para preparar ‘la espera’. Y se acostumbra que para quienes regresan de la ‘otra vida’ por primera vez, se les organiza gran fiesta para darles la bienvenida.

A la media noche del día 1° de noviembre, dejan de llegar los niños y es el turno de las ánimas de los mayores, a ellos se les espera hasta la medianoche del día dos.

El rito central de ofrendar consiste en que los de la casa, que son quienes han preparado la comida y el altar, reciben la visita de parientes y amigos quienes también colaboran en la ofrenda y en el altar, para juntos esperar.

Una variante o complemento de lo anterior, es lo que se conoce como velación en el panteón. Para algunas comunidades cobra mayor relevancia hacer la espera en el panteón, para ello se adorna cuidadosamente la tumba: se coloca el arco de flores, con adornos de fruta y pan, se encienden velas encima sobre la tumba y se coloca la ofrenda. Posteriormente, la familia se sienta alrededor a ‘velar’ que es modo de convivencia con el ánima, comen, beben algo caliente e incluso, hay quienes duermen ahí.

Para las ofrendas, uno de los elementos que más destaca por su colorido aroma y abundancia es la flor de tiringuini, (cempasúchil en náhuatl) o flor de muerto, ya que es la flor que más se asocia a lo sagrado, por el color y forma, para ellos es signo de fiesta, vida y alegría. Vivifica y purifica, dispone ambiente limpio para el encuentro con el ánima o las ánimas y con lo sagrado.

https://youtu.be/H8ntb7Bbq8o

Otro elemento, es el pan en forma humana, el cual aunque se elabora con la misma harina de pan para otras fiestas posee otro sentido, tiene la forma del ánima que se espera, se coloca junto al altar o tumba para que cuando llegue lo come y al mismo tiempo lo impregna de su esencia.

Otros elementos significativos que se colocan en las ofrendas son: velas, cruz floreada, arco, copal, milpas, panales de miel, chilacayotes, calabazas, fruta (plátanos, guayabas, naranjas, nísperos, cañas) objetos personales, imágenes religiosas, flor de ánima, agua, sal, herramientas o juguetes, ropa, fotografía y demás, forman parte del altar-ofrenda.

La elaboración del altar sus dimensiones y complejidad es tan variada como el gusto de los parientes a quienes corresponde su elaboración consideren, también se toma en cuenta si es el primer año o si ya es altar pequeño y sin fiesta, sólo para seguir ofrendando a las animas de familia.

Es común escuchar que el altar tiene cuatro niveles y su correspondencia con sus elementos. Cada comunidad vive y reelabora su costumbre de manera particular de tal suerte que puede haber semejanzas en cuanto al uso de elementos, pero no existe un modelo único de altar.

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